Pequeños cuentos
1- Universitario porro y caliente.
Tomás esta cansado de imaginar a la profesora en pelota. Le acaba de entregar un uno en redacción y eso más lo excita. Por culpa de ese uno, el universitario desea tirarse a la profe. La pizarra es perfecta para apoyarla. La falda es precisa para rajarla. Los compañeros los mejores espectadores y sus jeans Levi`s, los apropiados para echar a volar el pajarito. El calor crecía dentro de los Levi`s. La profe se da cuenta.
¿Tomás qué te pasa? ¿Te afecto la nota? Tomás le responde mientras la imagina en cuatro: Si profe, no sabe cuanto.
2- Un falso te Quiero
Internados en la pieza, los dos se miran lentamente. Él ya no siente lo mismo de ayer. No añora su sonrisa y tampoco el cuerpo que observa. Ella mientras más aborrece sus piernas, piensa en que no desea tocar sus labios. Él la mira y algo tímido decide vaciar pensamientos. Ella percibe el nerviosismo. Con calma se dispone a escucharlo. Él abre su boca asustada y lanza un perturbado te quiero. No te vayas de mi lado. No me cambies. Ella, ahogada en escalofríos y sin cruzar con los ojos de su pareja le dice: Yo también te quiero.
3- Distorsión
Llegue altamente drogado. No me acuerdo de nada. Mi mente sólo ve imágenes borrosas y empañadas por el alcohol. Quiero mi cama, quiero dormir, pero estoy al otro lado de la ciudad, sin poder largarme de este lugar. Mis amigos me abrazan y ofrecen papelillos repletos de marihuana y de la buena. Yo aspiro. Mi mente da vueltas y en una esquina entreveo mi cama. Corro hacia ella. La siento, la toco y la miro, es la mejor. Sutilmente dejo caer mi cuerpo sobre las sabanas, que me abrazan y acarician con sus fuertes manos. Abro los ojos. Es un huevón que me corre manos.
4- El desprendimiento
La pieza esta oscura, no se ve nada. Puedo intuir que sólo los espíritus me acompañan en mi búsqueda por la libertad. Me duele el estómago, ya no doy más, necesito llegar. Tengo miedo, mucho miedo. Detrás de mi siento mis pasos, secos y fríos en las tablas casi devoradas por las termitas. Camino, debo llegar. Junto con el trueno emitido por mi estómago puedo divisar la puerta. Algunos rayos la iluminan. Dejo de lado el terror de la oscuridad. Vislumbro mi momento de máximo placer. Domino el miedo. Penetro por esa puerta amplia y antigua. Me siento y ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!! Grito de alegría por desprender de mi cuerpo esa desagradable y pestilente diarrea que perturbaba mis dulces y armoniosos sueños.
5- El Terraniente del barrio
Abro la puerta de mi casa. Cansado busco a mi mujer. La encuentro dormida en nuestra cama nupcial. Le doy un beso en la frente y como si mis labios le hubieran inyectado en su mente el por qué de mi tardanza, me lanza furiosa una cachetada. Cierro los ojos. Me percato que ya discierno todo. Lentamente tomo una almohada y bajo al sillón. Como por arte de magia retomo lo ocurrido hace unas horas. Esa secretaría exuberante moviendo sus caderas al ritmo de alguna danza india. Sus miradas hechizantes y sus curvas hipnotizadoras. Pero toda su sensualidad se funde en sus asquerosas formas de terminar el acto sexual. Me dan vómitos. No valió la pena ser infiel. Esas nalgas duras se abrieron, pero no precisamente para lo que yo las quería. Esto no me puede haber pasado a mi, el terrateniente del barrio. Nunca antes me habían cagado.
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Tomás esta cansado de imaginar a la profesora en pelota. Le acaba de entregar un uno en redacción y eso más lo excita. Por culpa de ese uno, el universitario desea tirarse a la profe. La pizarra es perfecta para apoyarla. La falda es precisa para rajarla. Los compañeros los mejores espectadores y sus jeans Levi`s, los apropiados para echar a volar el pajarito. El calor crecía dentro de los Levi`s. La profe se da cuenta.
¿Tomás qué te pasa? ¿Te afecto la nota? Tomás le responde mientras la imagina en cuatro: Si profe, no sabe cuanto.
2- Un falso te Quiero
Internados en la pieza, los dos se miran lentamente. Él ya no siente lo mismo de ayer. No añora su sonrisa y tampoco el cuerpo que observa. Ella mientras más aborrece sus piernas, piensa en que no desea tocar sus labios. Él la mira y algo tímido decide vaciar pensamientos. Ella percibe el nerviosismo. Con calma se dispone a escucharlo. Él abre su boca asustada y lanza un perturbado te quiero. No te vayas de mi lado. No me cambies. Ella, ahogada en escalofríos y sin cruzar con los ojos de su pareja le dice: Yo también te quiero.
3- Distorsión
Llegue altamente drogado. No me acuerdo de nada. Mi mente sólo ve imágenes borrosas y empañadas por el alcohol. Quiero mi cama, quiero dormir, pero estoy al otro lado de la ciudad, sin poder largarme de este lugar. Mis amigos me abrazan y ofrecen papelillos repletos de marihuana y de la buena. Yo aspiro. Mi mente da vueltas y en una esquina entreveo mi cama. Corro hacia ella. La siento, la toco y la miro, es la mejor. Sutilmente dejo caer mi cuerpo sobre las sabanas, que me abrazan y acarician con sus fuertes manos. Abro los ojos. Es un huevón que me corre manos.
4- El desprendimiento
La pieza esta oscura, no se ve nada. Puedo intuir que sólo los espíritus me acompañan en mi búsqueda por la libertad. Me duele el estómago, ya no doy más, necesito llegar. Tengo miedo, mucho miedo. Detrás de mi siento mis pasos, secos y fríos en las tablas casi devoradas por las termitas. Camino, debo llegar. Junto con el trueno emitido por mi estómago puedo divisar la puerta. Algunos rayos la iluminan. Dejo de lado el terror de la oscuridad. Vislumbro mi momento de máximo placer. Domino el miedo. Penetro por esa puerta amplia y antigua. Me siento y ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!!! Grito de alegría por desprender de mi cuerpo esa desagradable y pestilente diarrea que perturbaba mis dulces y armoniosos sueños.
5- El Terraniente del barrio
Abro la puerta de mi casa. Cansado busco a mi mujer. La encuentro dormida en nuestra cama nupcial. Le doy un beso en la frente y como si mis labios le hubieran inyectado en su mente el por qué de mi tardanza, me lanza furiosa una cachetada. Cierro los ojos. Me percato que ya discierno todo. Lentamente tomo una almohada y bajo al sillón. Como por arte de magia retomo lo ocurrido hace unas horas. Esa secretaría exuberante moviendo sus caderas al ritmo de alguna danza india. Sus miradas hechizantes y sus curvas hipnotizadoras. Pero toda su sensualidad se funde en sus asquerosas formas de terminar el acto sexual. Me dan vómitos. No valió la pena ser infiel. Esas nalgas duras se abrieron, pero no precisamente para lo que yo las quería. Esto no me puede haber pasado a mi, el terrateniente del barrio. Nunca antes me habían cagado.
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